Las Mañanas

Apolo y Ártemis de Giovanni Domenico Tiepolo (1757, Villa Vallmarana, Vicenca)

Apolo y Ártemis de Giovanni Domenico Tiepolo (1757, Villa Vallmarana, Vicenca)

 

Cereales de Color cancerígeno y Pop Tarts

Cada mañana era diferente, pero todas compartían el silencio, la calma, un día por delante lleno de posibilidades y sobretodo la televisión. Que aparte de encenderla con un volumen moderado, podía hacer con ella lo que quisiera. Era mi escape. Las mañanas cuando era el primero en levantarme eran un momento privilegiado, suspendido en el tiempo y en el espacio que una vez ido, interrumpido por el alzamiento de otro ser, se esfumaba y no volvía a existir.

Las Arepas

Al descubrir que las pantallas noctámbulas saciaban mis ansias adolescentes y adormecían las inquietudes, las mañanas empezaron a volverse cada vez más cortas. Las madrugadas no tienen la inminente amenaza de la presencia. Todos duermen y no volverán a resucitar en muchas horas. El problema de Nix es que una vez que te abraza no te quiere dejar ir. Pero sin importar lo muy cómodos que estemos, Helios siempre regresa en su carruaje y todo empieza otra vez.

Desprenderme de sus brazos se hacía cada vez más doloroso. En algún momento pasé del chocolate caliente al café…

El Croissant

Me introdujeron a Dioniso. En un principio su decadencia y su falsa finura ahogaron las voces, pero al final siempre se desvanecía y ellas volvían. Habían pocas cosas que aborrecía tanto como ese momento en el que tenemos que abrir los ojos y encontrar una excusa para salir de la cama. A pesar de esto, siempre he sido bueno con los compromisos. Siempre que tenga a alguien esperando, puedo cruzar el atlántico nadando, pero cuando lo tengo que hacer por mi mismo ir a la esquina parece un despropósito.

Muesli con Frutas

Me volví conciente de mi propia existencia (¿Cuándo? No lo se) Supongo que fue por los desayunos que dejamos intactos. Las dos veces que Tánatos me ha acompañado han sido mañanas. Una vez para despedir a mi guía y otra a mi fiel compañera. A mi alrededor solo quedaron puertas cuando lo único que necesitaba era una brújula.

El Brunch

Sueño con un desayuno improvisado, en la terraza de nuestro piso. Apolo y yo cansados, con un poco de resaca. En nuestros cuerpos todavía los rastros de haber hecho el amor. Sus pies descalzos en el suelo, tal vez demasiado blancos por la falta de sol y sus cabellos desordenados. Después de comer, con un café, compartimos un cigarrillo.

Pero es solo una fantasía y como el humo que escapa de mi boca, se esfuma hacia el cielo y desaparece, dejando un mal olor.

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