Medusa

Medusa by Harald Meyer-Delius

Asqueado por su aspecto, el héroe ofreció la cabeza de Medusa como sacrificio a la primavera. Después de cortársela, la amarró a su cinturón, dejando un rastro de sangre por donde pasaba. Agradecidos por su ofrenda, le invitaron a yacer en el campo con la doncella más hermosa de la acrópolis – ignorando que de las gotas rubí nacían serpientes venenosas.

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Chair Car

Chair Car (1965) – Edward Hopper

Chair Car (1965) – Edward Hopper

En sus manos, la novela Las Olas de Virgina Woolf. No entendía mucho el texto, pero a pesar de esto seguía leyendo. Había algo que conectaba con ella.

En su cabeza, la última discusión con su madre. Cuando menos se lo esperaba la sorprendía. La atacaba. El corazón le saltaba y por un segundo quería morir.

En su corazón – no. No podía. Le regresarían las imágenes que con tanto esfuerzo había intentado enterrar. Él. Él esperándola en el portal de su edificio. ¿Cómo pudo acorralarla así? ¿Cómo pudo? Si la vida fuese poética habría llovido aquella noche. No recordaba las palabras que salieron de su boca ni a que hora finalmente la dejó sola. Solo recordaba el olor a marihuana que emanaba de sus ropas.

Se le nubló la vista. Las palabras de su madre se cruzaban con las de Woolf. Con su mirada. Se cruzaban con su mirada y el abrazo que le dio al final de la noche. Todo se iba a la mierda.

¿Por qué era tan difícil?

Había llegado a ese punto en su vida en el que podía dar la vuelta y mirar hacia atrás. Lo único que veía eran sus errores y gente muerta. Uno tras otro. Como los rieles del tren.

La voz mecánica anunció su parada. Se secó los ojos y guardó el libro en la cartera. Al bajarse del tren no sabía si su vida se había terminado o apenas comenzaba.

7 barcos

Noche estrellada sobre el Ródano de Vincent Van Gogh

Noche estrellada sobre el Ródano de Vincent Van Gogh

Era un chico que siempre se tomaba su tiempo para impresionar a los demás, pero ese día, llevaba el primer abrigo que su mano consiguió al meterse en el armario (el que era dos tallas más grande que nunca pudo reparar), las zapatillas de goma, y los cabellos desordenados.

Velozmente, cruzaba las esquinas oscuras de una ciudad indiferente ante su presencia. En su mano derecha, un cigarrillo que compulsivamente iba y venía de su lado a la boca – el humo en vez de exhalarlo, lo escupía. En su mano izquierda, una bolsa de plástico donde iban siete barcos de papel.

Se había pasado el día entero en el despacho que una vez había sido suyo. Sentado en la silla de cuero rajado, escribiendo. Quería escribir una sola carta, pero al terminar se dio cuenta que le había faltado algo y así que empezó a escribir una nueva. Esto se repitió varias veces hasta terminar con siete cartas. Compraría unos globos de helio de donde amarrar las cartas y así enviarlas al cielo como hacía cuando era niño, pero cuando había terminado de escribir ya todos los negocios estaban cerrados. Podría esperar hasta el día siguiente, pero ya no hubiese sido el aniversario.

Iría al mar entonces, iría al mar y haría pequeños botes con las cartas y los dejaría que navegaran libres. El océano era profundo, y al igual que el cielo, siempre le pareció infinito y era el lugar de donde todos veníamos… o al menos eso lo había escuchado en algún lado. Le llegaría el mensaje.

Solo había un problema, su ciudad no era de costa. Tendría que viajar un buen trecho para llegar a la playa y ya el último tren había partido.

Pero si había un río.

Con una anticipación que le amarraba el pecho, el chico llegó al puente. Se detuvo y miró hacia abajo. Mientras las cenizas de su cigarrillo descendían sobre la corriente como nieve envenenada, él meditaba sobre las probabilidades de que los botes cayeran en la posición correcta al lanzarlos desde esa altura – prácticamente inexistentes. No importa, pensó. Lo importantes es que toquen el agua y así, eventualmente, llegarán al mar.

Sacó el primer bote, el que pedía parte de su coraje para afrontar la crueldad del mundo y lo lanzó al agua.

Sacó el segundo bote, el que pedía parte de su sabiduría para poder distinguir entre lo que podía cambiar y lo que no y lo lanzó al agua.

Sacó el tercer bote, el que pedía parte de su iluminación para poder ver el camino y lo lanzó al agua.

Sacó el cuarto bote, el que pedía parte de su fuerza para poder cargar con todos sus deberes y lo lanzó al agua.

Sacó el quinto bote, el que pedía parte de su paciencia para lidiar con aquellos que todavía no podían ver y lo lanzó al agua.

Sacó el sexto bote, el que pedía parte de su autenticidad para ser sincero consigo mismo y lo lanzó al agua.

Sacó el séptimo bote, el que pedía que desde arriba (o donde fuera que estuviera) cuidara de sus seres queridos y lo lanzó al agua.

Los botecitos de papel, como los pétalos de una rosa blanca flotando sobre el agua negra, fueron arrastrados rápidamente por la corriente que reflejaba las luces de la ciudad. Estos desaparecieron y detrás solo quedaron los recuerdos y una grieta que nunca se sellaría.


 

Dedicado a un hombre que nos sigue iluminando a pesar de haberse ido – mi papá.

Las Mañanas

Apolo y Ártemis de Giovanni Domenico Tiepolo (1757, Villa Vallmarana, Vicenca)

Apolo y Ártemis de Giovanni Domenico Tiepolo (1757, Villa Vallmarana, Vicenca)

 

Cereales de Color cancerígeno y Pop Tarts

Cada mañana era diferente, pero todas compartían el silencio, la calma, un día por delante lleno de posibilidades y sobretodo la televisión. Que aparte de encenderla con un volumen moderado, podía hacer con ella lo que quisiera. Era mi escape. Las mañanas cuando era el primero en levantarme eran un momento privilegiado, suspendido en el tiempo y en el espacio que una vez ido, interrumpido por el alzamiento de otro ser, se esfumaba y no volvía a existir.

Las Arepas

Al descubrir que las pantallas noctámbulas saciaban mis ansias adolescentes y adormecían las inquietudes, las mañanas empezaron a volverse cada vez más cortas. Las madrugadas no tienen la inminente amenaza de la presencia. Todos duermen y no volverán a resucitar en muchas horas. El problema de Nix es que una vez que te abraza no te quiere dejar ir. Pero sin importar lo muy cómodos que estemos, Helios siempre regresa en su carruaje y todo empieza otra vez.

Desprenderme de sus brazos se hacía cada vez más doloroso. En algún momento pasé del chocolate caliente al café…

El Croissant

Me introdujeron a Dioniso. En un principio su decadencia y su falsa finura ahogaron las voces, pero al final siempre se desvanecía y ellas volvían. Habían pocas cosas que aborrecía tanto como ese momento en el que tenemos que abrir los ojos y encontrar una excusa para salir de la cama. A pesar de esto, siempre he sido bueno con los compromisos. Siempre que tenga a alguien esperando, puedo cruzar el atlántico nadando, pero cuando lo tengo que hacer por mi mismo ir a la esquina parece un despropósito.

Muesli con Frutas

Me volví conciente de mi propia existencia (¿Cuándo? No lo se) Supongo que fue por los desayunos que dejamos intactos. Las dos veces que Tánatos me ha acompañado han sido mañanas. Una vez para despedir a mi guía y otra a mi fiel compañera. A mi alrededor solo quedaron puertas cuando lo único que necesitaba era una brújula.

El Brunch

Sueño con un desayuno improvisado, en la terraza de nuestro piso. Apolo y yo cansados, con un poco de resaca. En nuestros cuerpos todavía los rastros de haber hecho el amor. Sus pies descalzos en el suelo, tal vez demasiado blancos por la falta de sol y sus cabellos desordenados. Después de comer, con un café, compartimos un cigarrillo.

Pero es solo una fantasía y como el humo que escapa de mi boca, se esfuma hacia el cielo y desaparece, dejando un mal olor.

Instrucciones

El siguiente texto lo escribí para el fanzine Imbécil. Al final no llegó a ser parte de la edición, pero la buena noticia es que ahora lo puedo compartir aquí :)

El tema del número era “Machihembrado” y eso era lo único que se nos dijo. Con eso escribí lo que presento a continuación.

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Para todos aquellos y aquellas que no sean usuarios naturales del machihembrado se les recomienda leer detenidamente las instrucciones de este producto para evitar el mal uso.

Su pecado será la envidia. El ministro les da su bendición y ellos lo toman por sentado, sin saber lo que significa. Ellos pueden acercarse y hablar los unos a las otras mientras usted (recuerde, es muy importante) está atado a las esquinas. Aparte de la envidia, sentirá miedo a que un suspiro le sea respondido con sangre. A que vean las cenizas dentro de usted. Volver a la nada.

En estos momentos puede que sienta ansias por lastimar físicamente a alguien o algo, pero las probabilidades no están a su favor. Siendo parte de un 2% de la población, cualquier estrategia en contra de la mayoría podría ser perjudicial.

Sabemos que no pidió nacer en este laberinto de concreto, pero aquí está, con los ojos vendados, y tiene que jugar por las reglas de los demás. Reglas que lamentablemente no pudimos incluir en este instructivo. Sugerimos que haga lo mejor de ello.

En algún momento, puede que otro ciego coja su mano. Si esto sucede, el tiempo que tendrán juntos para tropezar y buscar una salida serán los mejores momentos de su vida. La vida de la batería de cada relación es diferente.

El mal uso de este producto puede ocasionar lesiones graves y en algunos casos hasta la muerte.

Esperamos que nuestras instrucciones le hayan sido de ayuda. Para más información puede visitar nuestra página web.

El príncipe, la tela y el cuervo / The Prince, the Fabric and the Crow

elcuervo

Una doncella con el cabello de hilos de oro y la piel de color de nube estaba entre la más brillantes de la corte. Se llamaba Ivanna. Junto a las demás mujeres le hacía compañía a la reina, pero gracias a sus exquisitos dones con el dibujo, que accidentalmente fueron descubiertos cuando le tocó hacer un retrato en un juego, el rey la asignó a copiar sus textos. Desde entonces pasaba incontables horas sentada, copiando información de un formato a otro.  Su frágil figura rodeada de extensos rollos de pergaminos recordaba a un pichón en un nido de serpientes.

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El viento del norte / Northern Wind

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Estando en la cima de la montaña y mirando hacia el fondo del valle cubierto por las espesas nubes, Ludwig se percató de que pronto llegaría el viento del norte.

En la planta principal, los hombres disfrutaban de su tabaco, mientras que las mujeres bebían té y chismoseaban en otra habitación. En la planta superior, un señor de avanzada edad se sentaba en un viejo sillón frente a una biblioteca que iba del techo al suelo. Sus nietos se sentaban en el suelo, haciendo un medio anillo a su alrededor. La chimenea coloreaba el área con pinceladas de ámbar y reconfortaba a los presentes con su calor. El hombre de barba blanca y manos temblorosas, les sostenía la ilustración de una hermosa figura femenina. Era alta y tenía el cabello largo y liso. El boceto a grafito no tenía colores, pero según el viejo, tenían la piel pálida, los ojos grises y los cabellos blancos.

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Colores / Colours

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Este escrito fue inspirado por el ejercicio de escritura que aparece en el libro Como encontrar tu estilo literario de Francisco Castro. El ejercicio era el siguiente:

“El ejercicio que te planteo pretende obligarte a mostrar el sonido de los colores. Ya sabemos que no suenan. Sí, es cierto. Pero no suenan hasta que el escritor los hace sonar con palabras.

El ejercicio, pues, mezcla literatura, música y pintura. Te pido que escribas sobre los sonidos de los colores.”

– Francisco Castro, Como encontrar tu estilo literario

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